Buscar
  • Nicholas Sheehy LC

Viviendo como profetas en el mundo


Lc 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás’’.


Por el bautismo, compartimos el sacerdocio de Cristo, su misión profética y real. (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1268) Hoy escuchamos hablar de Jonás como profeta. Jonás tuvo una vida difícil. Parecía un judío corriente. Le resultó muy difícil afrontar la misión de predicar a los ninivitas. Parecían demasiado paganos, demasiado lejanos para ser dignos de la salvación de Dios. También podemos juzgar a los demás y su mérito de recibir el mensaje de Dios. Si vamos a ser identificados con Jesús como profetas a través de nuestro bautismo, debemos darnos cuenta de que no es nuestro deber juzgarlos, sino más bien darles testimonio.


Como profetas, en primer lugar, estamos llamados a ser señales para otros del mensaje de Dios en el mundo. Para que esto suceda, debemos creer que Dios se está comunicando con el mundo. Si Dios es simplemente un ser lejano sin interés en el mundo, no habría interés en dar un mensaje. Como cristianos, sabemos que este no es el caso. Sabemos que interviene una y otra vez en la historia de la humanidad, tratando de llevarnos a la salvación. ¿Qué tan bien hemos asimilado el mensaje de salvación? ¿Qué tan bien llevamos el mensaje de Dios en nuestras propias vidas? Cuando estamos convencidos de esta Buena Nueva, es mucho más fácil convertirnos en signos de esperanza en el mundo. Cuando vivimos nuestra fe con gozo, otros la ven y se sienten inspirados. Todos los días, vemos personas que nos inspiran a ser mejores. Estamos llamados a hacer lo mismo por ellos.


La oración es otra fuente de esperanza que estamos llamados a compartir con los demás. Un profeta comparte lo que el Señor le ha dicho. ¿Qué es lo que Jesús te está diciendo en oración? Este es un tesoro que debes compartir con los demás. Alguien necesita las palabras de aliento que están en su poder para dar. Tantas personas mueren por falta de agua, falta de refugio, falta de comida. Pero muchos más están muriendo por dentro por falta de esperanza. Cuando das esperanza, das vida.


10 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo