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  • Nicholas Sheehy LC

Leer – Aprender – Vivir – Amar (LAVA)




Lc 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la multitud, una mujer del pueblo, gritando, le dijo: “¡Dichosa la mujer que te llevó en su seno y cuyos pechos te amamantaron!” Pero Jesús le respondió: “Dichosos todavía más los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

Jesús responde a este estallido espontáneo de la multitud. Esta mujer está demasiado emocionada de ver al Mesías moverse por su ciudad. Jesús toma lo que ella dice para dar una lección teológica profunda. Se le dio tanta importancia a los lazos familiares. Jesús quiere asegurarse de que todos entendamos que cada uno de nosotros está llamado a una relación personal con Cristo. Lo vincula todo con escuchar la palabra de Dios y observarla.


Leer – Aprender – Vivir – Amar (LAVA)


Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, “encontramos el pecado descrito como una negativa a escuchar la palabra, como una ruptura de la alianza y, por lo tanto, como un cierre a Dios que nos llama a la comunión con él mismo” (Papa Benedicto XVI, Verbum Domini, 26). Por eso, Jesús está tan entusiasmado por encontrar seguidores que traten de llevar la Palabra de Dios en sus corazones.


¿Cómo llevamos la Palabra de Dios en nuestro corazón? Primero, necesitamos un contacto frecuente con la Sagrada Escritura. “Lea las Escrituras divinas con frecuencia; de hecho, el libro sagrado nunca debería estar fuera de sus manos. Aprende allí lo que debes enseñar” (San Jerónimo, Epístula 52). ¿Con qué frecuencia lees la Biblia? Todos podemos mejorar nuestros hábitos de lectura, particularmente de la Biblia.


En segundo lugar, debemos aprender de la Biblia. ¿Con qué frecuencia se lleva a casa una lección de la Biblia? Cuando leemos las historias del Antiguo y Nuevo Testamento, estamos viendo cómo hombres y mujeres a lo largo de la historia han tratado de vivir sus vidas dentro de un contexto de fe. Para nosotros también es un desafío aprender. Muy a menudo, podemos sentirnos fuera de contacto con Dios. La Biblia nos da la oportunidad de estar en sintonía con Dios una vez más.


En tercer lugar, debemos vivir la Biblia. La Biblia nos enseña cómo ir al cielo. A menudo, hay enseñanzas morales que contrastan con lo que el mundo nos dice. ¿Adónde permitimos que nos lleve nuestro corazón? La Biblia nos da sustento espiritual para que podamos vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. “No se amolden a este mundo, sino sean transformados por la renovación de su mente, para que prueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto” (Rom. 12: 2).


Leer – aprender – vivir. Estos son los pasos que pueden garantizar que obtengamos de la Biblia lo que se supone que debemos obtener de ella. Cada paso es importante. Sin el contacto asiduo de la lectura, estamos fuera de contacto con la Biblia. Si no aprendemos de estudiarlo, el mensaje no penetrará en nuestras mentes. Finalmente, tenemos que vivirlo. La Biblia no es simplemente literatura que pertenece a nuestra conciencia cultural. Hay todo un código moral que estamos llamados a vivir todos los días.


El último paso es amar. Si no amamos, no vivimos como pueblo de Dios.


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