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  • Nicholas Sheehy LC

La oscuridad se desvaneció en una luz brillante



Mc 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.


Bartimeo estaba acostumbrado a sobrevivir. No se moría de hambre, pero no le iba bien. Nadie esperaba mucho de él, y esa fue quizás la parte más frustrante de todo. Quería ser necesitado y no sentirse inútil. No podía ver, pero no extrañaba las miradas de las personas que lo veían como un pobre alma que estaba esperando su momento hasta la muerte. Aunque Bartimeo no podía ver, escuchaba bien. Había oído hablar de un predicador itinerante de Galilea que había venido a Judea, a su ciudad natal de Jericó. Bartimeo sabía lo que pediría si alguna vez se acercaba al gran sanador. "Maestro, déjame ver".


Para Bartimeo, no hubo un discurso teológico sobre Jesús. No le preocupaba curar en sábado ni respetar debidamente a los ancianos. Simplemente quería recuperar la vista. Había pasado tanto tiempo como inválido que era difícil imaginar cómo sería volver a ser independiente. "Jesús te está llamando". Antes de conocer al propio Jesús, son los discípulos de Jesús quienes inician una conversación con Bartimeo. El pobre Bartimeo se había compadecido de sí mismo y estaba desesperado por su situación. Sin embargo, el cambio comienza cuando Jesús lo llama. Los discípulos de Jesús son los que le dan esta trascendental noticia. La noticia de que Jesús lo está llamando es una prueba de que Jesús da el primer paso para sanarlo y llamarlo a ser discípulo.


"Levántate." ¿No vieron los discípulos lo que estaba pasando? ¿Reconocieron que era ciego? Habían escuchado sus gritos de piedad. Parece una tontería pedirle a un ciego que camine. Sin embargo, Jesús quería asegurarse de que Bartimeo participara activamente en el proceso. Cuando los discípulos entregan este mensaje, se aseguran de que Bartimeo dé su consentimiento a todo lo que Jesús tiene reservado para él. Bartimeo tiene que levantarse. Tiene que deshacerse de su ansiedad, sus preocupaciones y sus problemas si va a tener un encuentro cara a cara con el Mesías.


"Ánimo." Jesús va a hacer mucho más que devolverle la vista. Su plan es convertirlo en discípulo. Este es un desafío que requiere una enorme cantidad de coraje. Oímos que una vez que fue sanado, lo siguió por el camino. Para Jesús, devolverle la vista no fue simplemente una cura más. Este fue el llamado de un discípulo. Jesús espera algo grandioso de Bartimeo. La oscuridad se desvaneció en una luz cegadora. Bartimeo una vez más pudo ver. Bartimeo no recuperó la vista para volver a la vida ordinaria. Recibió el llamado a ser discípulo. Siguió a Jesús en el camino. Podemos imaginar que él es uno de los discípulos que vio al Señor Resucitado y se convirtió en testigo de este milagroso evento. Bartimeo había aprendido a percibir lo que otros no podían ver. En un mundo de incredulidad, fue testigo de la fe. Tenía mucha práctica y ahora podía enseñar a otros los caminos de la fe. Después de escuchar la experiencia de Bartimeo, podemos tener tres conclusiones clave.


1. Jesús conoce nuestro nombre. Él sabe lo que hay en nuestro corazón, pero quiere que se lo pidamos. Cuando le pedimos a Jesús lo que necesitamos, preparamos nuestro corazón para recibirlo.


2. Jesús siempre quiere que seamos sus discípulos. No le interesa ser un dispensador de caramelos. No es una máquina para repartir favores después de que hacemos una novena o rezamos una cierta cantidad de tiempo. Quiere entablar una relación personal con nosotros y desafiarnos a ser sus discípulos.


3. Jesús quiere que tengamos valor. El desánimo es uno de los grandes peligros para un discípulo. Él siempre nos está cuidando. Seguir a Jesús en el mundo moderno es difícil, así que al escuchar su voz que nos llama, debemos levantarnos y cobrar valor, como lo hizo Bartimeo.


Tarea

Como tarea particular para hacer esta semana, te invito a que veas cómo la gracia de Dios ha invadido tu vida y descubras la misión que te está llamando a cumplir. Primero, quiere que lo sigas. Tómate cinco minutos todos los días para escuchar su mensaje para tu vida.




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