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  • Nicholas Sheehy LC

Del servicio a un corazón ligero


Lc 11, 42-46

En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!”

Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!”

A veces, las personas que deberían ser los mejores ejemplos en vivir la fe son precisamente las que alejan a las personas. Jesús señala esto como una advertencia para todos nosotros. Vio cómo los fariseos estaban tan preocupados por las cosas de la Ley, que terminaron rechazando a las personas buenas y creyentes. Esto le duele porque todo el mundo pierde. Los fariseos se pierden en su propia hipocresía, mientras que la gente nueva rechaza la religión por una imagen falsa que no la representa bien.


Nos sentimos incómodos con la hipocresía. Queremos vernos a nosotros mismos como personas honestas y sinceras. Sin embargo, cuando nos miramos directamente en el espejo, a menudo descubrimos pequeñas fallas y mentiras que socavan nuestra integridad personal. Es uno de los temas principales de la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray. Un joven rico recibe un retrato misterioso que asume la maldad de su alma, mientras que su apariencia permanece joven a la vista de los demás. Pero le pesa la existencia ver cómo su alma se oscurece y se corrompe, a pesar de lo que otros puedan percibir. La hipocresía devoraba cualquier paz que tuviera en su alma. No podemos soportar el peso de una conciencia culpable.


Jesús nos liberó del peso de mentirnos a nosotros mismos. Quiere que vivamos con sinceridad, en la luz. Él no quiere que nos quedemos en tinieblas y nos engañemos a nosotros mismos. Sus palabras traen luz y vida a un mundo atribulado. Critica a los estudiosos de la ley por imponer tantas obligaciones al pueblo, mientras ellos mismos llevan un estilo de vida cómodo. Jesús predica con su ejemplo. Él tomó los peores castigos destinados al mundo debido al pecado sobre sí mismo y murió en lugar de nosotros. En lugar de atarnos cargas pesadas, eligió llevar su cruz al Calvario. ¿Cuándo fue la última vez que le dio las gracias por esto?


Jesús nos invita a estar menos preocupados por los puestos de honor y la opinión pública y, en cambio, a buscar servir a los demás. Es un privilegio servir. ¿Con qué frecuencia actuamos así y a menudo nos vemos atrapados en nuestras propias expectativas? A veces esperamos que los demás sean considerados con nosotros, aunque pasamos todo el tiempo pensando en nosotros mismos. Jesús quiere liberarnos de este peso muerto para que podamos servir a los demás en paz y hacer que el amor crezca en nuestros corazones.

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