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  • Nicholas Sheehy LC

Alimento, Deseo y Satisfacción - cómo Cristo nos ama en la Eucaristía


Alimento

La alimentación suele ser uno de los puntos centrales de referencia en nuestra vida. Siempre estamos pensando en la próxima comida. Recordamos las buenas comidas. Todos tenemos nuestros platos favoritos, tal vez incluso un plato que nos sentimos muy bien preparando para los demás.


Muy a menudo, cuando queremos conocer mejor a alguien o entender su punto de vista, podemos sentarnos juntos a comer.


La comida es un lugar de encuentro entre Dios y el hombre. Cada vez que comemos, podemos recordar a Dios. Por eso bendecimos la mesa antes de sentarnos a comer.


Dado que la comida es tan común en nuestra vida diaria, Jesús la usa para explicar las realidades espirituales. Eso es lo que sucede durante su discurso sobre el Pan de Vida en Juan 6. "Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la Sagrada Comunión lo logra maravillosamente en nuestra vida espiritual". (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC] 1392)


Cristo compara el alimento espiritual con el alimento material, que nos es más familiar. “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, que el Hijo del Hombre os dará; porque sobre él ha puesto Dios el Padre su sello”. (Juan 6,24)


Deseo

El mejor ingrediente para cualquier receta es el hambre. Esto también es cierto para las realidades espirituales. Quizás la aparente apatía actual hacia la religión se deba a un exceso de autosatisfacción. La gente piensa que ya no necesita a Dios. Viven como si Dios no existiera. (etsi Deus non daretur - Grocio) En el Evangelio, Jesús trata continuamente de despertar el interés de su audiencia para que puedan apreciar las cosas de Dios.


El pasaje del Evangelio comienza con la gente que busca a Jesús: "cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, ellos mismos subieron a las barcas y fueron a Capernaum en busca de Jesús". (Jn. 6,24) Jesús se basa en este interés para crear un verdadero hambre espiritual. Las palabras de la multitud: "Señor, danos este pan siempre" (Jn. 6,34) se hacen eco de las palabras de la Samaritana cuando dice: "Señor, dame de esta agua, para que no tenga sed ni venga aquí para sacar agua". (Jn. 4,15)


Es en este sentido que podemos entender la frase de San Agustín: "Amor meus, pondus meum" (Mi peso es el amor; por èl soy llevado por dondequiera que soy llevado). (San Agustìn, Confesiones, XIII.9)


El deseo del hombre por Dios lo lleva a encontrar a Dios verdadera y profundamente. Dios promete cuidar a su pueblo y alimentarlo hasta que estè satisfecho. "Pasaràn junto a los caminos, en todas las alturas desnudas seràn sus pastos". (Is. 49,9)


Satisfacción

Los Salmos recuerdan còmo Dios "hizo llover sobre ellos manà para comer, y les dio el grano del cielo. El hombre comiò del pan de los àngeles: les enviò comida en abundancia". (Sal. 78,24-25)


Cristo revela a la gente que està allì junto al lago que èl es el pan de vida que puede satisfacerlos. "Yo soy el pan de vida; el que a mì viene, no tendrà hambre, y el que en mì cree, no tendrà sed jamàs". (Jn. 6,35)


Dios quiere que seamos verdaderamente felices. Por eso quiso permanecer con nosotros a lo largo de los siglos en el sacramento de la Eucaristìa. "El principal fruto de recibir la Eucaristìa en la Sagrada Comuniòn es la uniòn ìntima con Cristo Jesùs". (CIC 1391)


Es precisamente el gran valor de la Eucaristìa lo que nos obliga a protegerla. No negarìamos a nadie un apretòn de manos. Bueno, ahora en tiempo de la pandemia, tal vez lo harìamos. Pero podemos hablar con cualquiera. Pero la Eucaristìa es algo muy diferente, profundo en el nùcleo de nuestra fe. No podemos dar la Eucaristìa indiscriminadamente. Los obispos de Estados Unidos debaten ahora què pautas utilizar para determinar su recepciòn de los polìticos. No se trata de convertir la Eucaristìa en un arma, sino de defenderla. Debemos orar por la unidad en la Iglesia y crecer nuestra propia reverencia y amor por la Eucaristìa.


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